miércoles, 11 de septiembre de 2013

Gora


Llegó a casa una madrugada de 1999. Creimos que era de un vecino... y aún sigue con nosotros. Es la mayor de todos, con mínimo 15 años y una salud estupenda (incluso conviviendo con una hernia abdominal desde hace más de 13 años...).

Le gusta que le acaricien la cara, SÓLO AHÍ. Suele enfadarse a menudo si la incomodas, no le gustan los nuevos gatos, tiene ciertas manías y su vida consiste en dormir en el sofá bajo la cortina/encima del frigorífico si es verano.

Debido a su edad, ya no hace muchas travesuras. Pero en su juventud... cada mañana traía regalitos muertos a la cama, se comió un jamón entero (motivo para su exilio temporal), se le castró y aún así al mes siguiente parió dos gatitos en el zapatero de mi padre. Uno murió al nacer deforme, y la otra fue Medea, mi primera gatita blanquinegra que se perdió hace tanto que ni lo recuerdo.

Gora es una gata ya anciana que sólo quiere cariños. Le encanta el pescado y puedes mantener una conversación con ella perfectamente, como buena siamesa. Y tiene los ojos más profundos y azules que he visto en mi vida.

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